Elegir un cuadro no es solo una cuestión de gusto: es proporción, aire y coherencia con el espacio.
Esta guía te ayuda a tomar decisiones seguras y lograr composiciones que se vean armónicas y bien pensadas.
El punto de partida siempre es el contexto.
Pared vacía (sin muebles)
El centro del cuadro debería quedar a 170 cm del piso.
Sobre un mueble
(sillón, cama, aparador, mesa)
El cuadro debería comenzar entre 20 y 30 cm por encima del mueble o respaldo.
Regla Tapiri
Si no podés respetar estas medidas, es preferible que el cuadro quede más cerca del mueble que del techo.
Esto siempre se ve más integrado y natural.
El ancho ordena visualmente la pared.
Sobre un mueble, funciona mejor que la composición quede dentro del ancho del mueble.
Idealmente, dejá 20 a 30 cm de aire a cada lado, si el espacio lo permite.
También puede funcionar llegar justo al margen del mueble.
Si el cuadro es más grande que el mueble, que sea una decisión intencional, no un error de escala.
Consejo Tapiri: no tenerle miedo a los tamaños grandes.
1 cuadro
Ideal cuando el espacio pide una pieza protagonista, fuerte y contundente.
2 cuadros
Funcionan muy bien en pares.
Si el mueble es horizontal, usar cuadros verticales ayuda a generar altura.
3 o más cuadros
Perfectos para composiciones tipo wall art, combinando distintas medidas y soportes.
El espacio entre piezas es clave para que la composición respire.
Entre cuadros:
entre 8 y 15 cm
(ideal Tapiri: 10 cm)
En wall art más integrado:
entre 5 y 10 cm, para lograr mayor unidad visual.
Una buena composición tiene un orden claro.
Elegí una pieza ancla.
Ubicala primero.
Sumá las demás acompañando esa pieza.
Mezclar formatos grandes y chicos aporta ritmo, siempre manteniendo una lógica visual.
La coherencia hace que todo se vea pensado.
Usá una paleta acotada de 2 a 4 tonos.
Combinar soportes y estilos en distintos ambientes suma riqueza visual.
Elegir marcos que dialoguen entre sí aporta unidad y elegancia.